TIENE 106 AÑOS, ES NO VIDENTE, Y PIDE LIMOSNA PARA AYUDAR A SU ESPOSA

MARCELINO HACE TIEMPO QUE NO VE, Y PIDE LIMOSNA PARA SOBREVIVIR JUNTO A SU ESPOSA, QUE TIENE UNA ENFERMEDAD TERMINAL

Sentado en un banco plegable, su rostro apenas se deja ver detrás de una gorra y un tapabocas de Juventud Antoniana de Salta. Don Marcelino hace tiempo que no ve, pero siente la cruda realidad en carne propia.

A los 106 años, este hombre que perdió la vista, pero no la dignidad, se acurruca, cada vez que su cuerpo se lo permite, en algún rincón de las peatonales de la ciudad de Salta. El objetivo: conseguir algunos pesos que le permitan sobrevivir junto a su esposa, que tiene una enfermedad terminal.

Pese a su edad avanzada, Marcelino se hace entender. En sus palabras no hay bronca ni resentimiento, aunque sí un dejo de nostalgia por lo que pudo ser. Según contó en un video que publicó Con Criterio Salta, el hombre trabajó como chofer durante un cuarto de siglo hasta que un accidente en San Pedro con un ómnibus de larga distancia “lo tuvo dormido por tres años”.

Después de ese duro revés que le dio la vida, intentó rebuscárselas de otra manera. Entre otras tareas, ató un carrito a una bicicleta, subió una cortadora de césped a ese vehículo auxiliar y se dispuso a trabajar. A no bajar los brazos. “Siempre me la rebuscaba”, comentó.

Pudo, de esa manera, hasta que una intervención en sus córneas lo dejó sin visión de manera permanente.

La mujer, según relató, actualmente tiene 89 años y “una enfermedad que no tiene cura”. Ya no puede caminar, y solamente se traslada en andador. Por ese motivo, Don Marcelino, con más de un centenar de diciembres a cuestas, sale a la calle a pedir limosna, para que a su compañera no le falte nada.