DENUNCIAN QUE UNA JOVEN ESTÁ PRESA PORQUE SU BEBÉ MURIÓ EN EL PARTO

TUVO EL PARTO EN EL BAÑO DE LA CASA. EL BEBÉ NUNCA LLORÓ: ELLA DIJO QUE NACIÓ MUERTO. Fue sentenciada a 15 años de prisión efectiva.

Desde hace cinco años, Gimena (nombre ficticio), de 27 años, está privada de su libertad. Presa en el penal de Villa Las Rosas, asegura que la condenaron por “homicidio agravado” porque su bebé murió durante el parto.La fiscalía y una jueza pidieron que le den prisión perpetua y fue sentenciada a 15 años de prisión efectiva. Luego de la intervención de profesionales del Instituto Jurídico con Perspectiva de Género del Colegio de Abogados de Salta se logró que la condena se reduzca a 10 años.

Gimena tenía 21 años y vivía en Cafayate cuando se quedó embarazada del que sería su tercer hijo. Su pareja, quien es padre de sus otros hijos, se desentendió y le dijo que ese no era su problema: “Arreglátelas”.

Ella no quería llevar adelante ese embarazo y no se lo contó a nadie. Cuando quiso acudir a una consulta al hospital público de Cafayate la rechazaron por una cuestión administrativa: no volvió más.El día que empezó el trabajo de parto le avisó a su pareja. Él volvió a rechazarla y la dejó sola: “Es tu problema”. Como muchas mujeres de su entorno, tuvo el parto en el baño de la casa.

El bebé nunca lloró: ella dijo que nació muerto y, luego, buscó un lugar donde darle sepultura.Cuando encontraron el cuerpo del bebé la detuvieron. Un peritaje reveló que se habían llegado a abrir los pulmones, pero no determinó cuánto tiempo habría respirado ni cómo murió. En la casa nadie escuchó ruidos.

El cuerpo no tenía signos de violencia, de ahorcamiento ni heridas de arma blanca.Los dos hijos, de los que hasta ese momento se había ocupado como madre soltera, perdieron el vínculo con ella desde que la Justicia inició una causa por el cuerpo de un bebé que -según dijo ella- nunca llegó a vivir.El padre del bebé no fue citado declarar.

Tampoco lo imputaron por ningún delito. Solo a ella la responsabilizaron de todo lo sucedido. El hombre nunca más volvió a ocuparse de sus otros dos hijos: ni económica ni afectivamente. Los niños están al cuidado de un tío abuelo, con quien Gimena vivía antes de perder la libertad.